by M Retamozo Benítez · 2009 · Cited by 184 — In this article, the author proposes to join toge- therthe themes of the establishment of social order on one side, and the constitution of the politicians on
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Perspectivas teóricas 69Lo político y la política: los sujetos políticos, conformación y disputa por el orden social *MARTÍN RETAMO ZO BENÍTE Z**qResumen En este artículo, el autor se propone articular los temas del establecimiento del orden social, por un lado, y la constitución de los sujetos políticos, por otro, a la luz de autores como Carl Schmitt, Hannah Arendt, Ernesto Laclau, Jacques Rancière, Cornelius Castoriadis y Claude Lefort. A partir de ello, el trabajo analiza el signi˜cado de las categorías de lo político, la política, lo social, la sociedad (orden social) y los sujetos políticos. Abstract In this article, the author proposes to join toge -therthe themes of the establishment of social order on one side, and the constitution of the politicians on the other, taking guidance from authors like Carl Schmitt, Hannah Arendt, Ernesto Laclau, Jacques Ranciére, Cornelius Castoriadis and Claude Lefort. Starting from this, the essay analyzes the signi˜can -ce of the categories of the political, politics, social, society (social order) and politicians. Palabras clave : orden social, lo político y la política, teoría política, subjetividad colectiva, sujetos sociales. * Agradezco los comentarios que Mercedes Patrouilleau, Mauricio Schuttenberg y Victoria D™Amico realizaron a un versión preliminar de este trabajo, sus aportes han colaborado enormemente a elaborar, clari˜car y ajustar los argumentos aquí vertidos. ** Centro de Investigaciones Socio Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, Calle 48 e/ 6 y 7 (1900), La Plata, Buenos Aires, Argentina

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Revista Mexicana de Ciencias Políticas 70La distinción de lo político y la política, así como la idea de la primacía de lo político sobre lo so -cial, han adquirido un estatus privilegiado en el estudio de algunos de los problemas políticos contem -poráneos. Dos de los temas que han sido referentes de estas discusiones giran en torno a las preguntas por la conformación, y disputa, del orden social, por un lado, y la constitución de los sujetos políticos, por otro. En este trabajo proponemos articular ambas preocupaciones y, desde este horizonte, revisar algu -nos elementos de un debate que se ha vuelto medular en la teoría política de nuestros días. En esta perspectiva trataremos el problema de la conformación del orden social a partir de la distinción entre lo político (vinculado al momento de lo instituyente) y la política (relacionada con la administración de lo instituido). La discusión de estas categorías en autores contemporáneos nos llevará a plantear una nueva distinción entre lo so -cial (como el trasfondo sedimentado donde opera el acto de institución) y la sociedad (como el producto inestable y contingente de una operación hegemó -nica). De este modo, argumentamos, se estaría en presencia de una plataforma teórica desde la cual tratar problemas políticos contemporáneos como los que particularmente nos ocupan: la producción de con˚ictos sociales y la conformación de sujetos políticos. El itinerario de este trabajo supone, luego del planteamiento del problema, la presentación de los orígenes del debate en dos autores que serán gravitantes in˚uencias en el pensamiento político contemporáneo: Carl Schmitt y Hannah Arendt. En la segunda parte avanzamos en el tratamiento de algunos de los aportes que, en el marco de la teoría política reciente, han realizado autores como Clau -de Lefort, Cornelius Castoriadis, Ernesto Laclau y Jacques Rancière para pensar el problema de la conformación del orden social. La tercera sección, por último, propone avanzar en algunos aspectos especí˜cos sobre el lugar de los sujetos sociales y su relación con el orden, su reproducción y su transfor -mación. De este modo se pretende dar coordenadas para el estudio de los sujetos políticos que disputan el orden social. Introducción Construcción del orden social como problema teórico El problema del orden social (y, consecuentemente, del orden político) ha sido una preocupación recu -rrente en la historia intelectual de Occidente; en tal sentido, podemos considerarlo uno de los ejes que articulan el pensamiento ˜losó˜co político desde los tiempos antiguos hasta la actualidad. En el mundo clásico occidental, 1 la preocupación metafísica por el principio de las cosas, por el arjé del cosmos (propia de los presocráticos como Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito, Empédocles), se tradujo en la especulación en torno al principio o fundamento de la sociedad humana y de la polis en particular. 2 Tanto La República de Platón como La Política de Aristóteles versan sobre los principios rectores de la comunidad política, sus formas de organización y gobierno. De allí, podemos decir, que la historia del pensamiento ˜losó˜co político es la historia de la pregunta por el orden socio-político. El pensamiento de la temprana modernidad también puede interpretarse como un intento de dar 1 La ubicación de los inicios de la ˜losofía política en la Grecia antigua es cuestionada acertadamente por Enrique Dussel ( Política de la liberación. Historia mundial y crítica , Madrid, Trotta, 2007) debido a su raigambre colonial euro-céntrica. 2 En este sentido, dice Jorge Dotti, fisi la metafísica reconstituye a partir de la pregunta ¿por qué el ser y no la nada?, la teología política lo hace a partir de ¿por qué el orden y no el caos?fl. Vid. fiTeología política y excepciónfl, en Daimon. Revista de Filosofía . fiEntre teología y mitología políticafl (ejemplar dedicado a Carl Schmitt) , núm. 13, julio-diciembre de1996, pp. 129-140 (129).

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Perspectivas Teóricas 71cuenta de las formas de constitución de un orden social en momentos de cambio en las estructuras so- ciales que habían caracterizado el antiguo orden. En efecto, la preocupación que orientó a las uto -pías renacentistas de Campanella y Moro fue la de pensar órdenes sociales alternativos a partir de la proyección imaginaria de comunidades. Un enfoque al mismo asunto, pero no desde la utopía sino desde la política real, es la que propone Maquiavelo. Si algo vincula a El príncipe y los Discorsi es la motivación de analizar las diferentes opciones ordenantes de la sociedad y los recursos para reproducirlas. La pregunta clásica por el orden social adquirió en la modernidad mayor relevancia a partir de la se -cularización del mundo. La contraposición de Hobbes y Spinoza, recuperada por autores contemporáneos 3 supone reconstruir el debate por la legitimidad del orden social moderno, el cual, frente a la cada vez mayor imposibilidad de remitirse a un plano divino, requirió otras formas de legitimación en lo secular. Así, la teoría política de Hobbes avanza sobre la misma pregunta ¿no es acaso el Leviatán la personi˜ -cación del nuevo orden social que estructura el caos y busca acabar con el estado de guerra perpetua? A su tiempo, algo similar inspiró la teoría del gobierno civil en Locke y el contractualismo roussoniano y kantiano. El problema del orden social (y su reverso, el con˚icto), asociado con la razón, la libertad y la legitimidad, constituye uno de los ejes fundamen -tales del pensamiento político moderno. En el siglo XIX tanto Hegel como Marx se enfrentaron al proble -ma de lidiar con el asunto del orden y el con˚icto planteado en estrecha vinculación con el asunto de la unidad, la universalidad y la historia. Por vías análogas y a la vez disímiles, intentaron clausurar el con˚icto en una recuperación del universal. Ambas ˜losofías de la historia así lo permiten a partir de una concepción trascendental: el despliegue de la idea o la realización de la clase como universal. 4 El paso de un orden social contradictorio y con˚ictivo a una recuperación superadora del orden armónico para los destinos de la humanidad subyace a gran parte de los esfuerzos hegelianos y marxistas como promesa de plenitud. 5 No obstante, autores como Castoriadis 6 destacan que, a pesar de la cantidad y calidad de los traba -jos que en la historia del pensamiento trataron el problema del orden social desde la Grecia antigua, el aporte que éstos han generado condujeron más a una serie de aporías que a avances sustantivos. Para ˜losofos como Rancière 7 esto se debe en gran medida a la paradoja resultante del intento por parte de la ˜losofía y la teoría política de eliminar lo propio de la política. Es decir, mientras que Œcomo veremos más adelante con cierto detalleŒ el con˚icto es constitutivo de lo político, el pensamiento político ha buscado cancelar la dimensión con˚ictiva al proponer formas de organización e instituciones presuntamente acordes con un postulado de paz perpetua o armonía. 8 Aun así, es preciso reconocer que la apropia -ción moderna del problema del orden social Œcomo desafío de pensar los nuevos tiemposŒ insinúa la 3 Paolo Virno, Gramática de la multitud , Buenos Aires, Colihue, 2003; Antonio Negri, La anomalía salvaje (Ensayo sobre poder y potencia en B. Spinoza) , Barcelona, Anthropos, 1992; Michel Hardt y Antonio Negri, Imperio , Buenos Aires, Paidós, 2002; Eduardo Grüner, fiEl Estado: pasión de multitudes. Spinoza versus Hobbes, entre Hamlet y Edipofl, en Atilio A. Borón (comp.), La ˜losofía política moderna de Hobbes a Marx, Buenos Aires, Eudeba / Clacso, 2000, pp. 143-165. 4 Es evidente que entre las diferentes variantes del marxismo podemos encontrar versiones que procuran salirse de una concepción teleológica y abren el terreno, a partir de los propios textos de Marx, de la contingencia de la historia y su vinculación con las acciones de los sujetos. No es objeto del presente trabajo un análisis de estas corrientes, a pesar de su indubitable importancia para la teoría social y política. 5 Ernesto Laclau, fiIdentidad y hegemonía: el rol de la universalidad en la construcción de lógicas políticasfl, en Judith Butler, Slavoj ˛i˝ek y Ernesto Laclau, Contingencia, hegemonía y universalidad: Diálogos contemporáneos en la izquierda, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2003, pp. 49-94. 6 Cornelius Castoriadis, La institución imaginaria de la sociedad , Buenos Aires, Tousquest, [1975] 2007. 7 Jacques Rancière, El desacuerdo. Filosofía y política, Buenos Aires, Nueva Visión, 1996; Eduardo Rinesi, Política y tragedia. Hamlet, entre Hobbes y Maquiavelo , Buenos Aires, Colihue, 2003. 8 Yannis Stravakakis, Lacan y lo político , Buenos Aires, Prometeo/ UNLP , 2007.

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Revista Mexicana de Ciencias Políticas 72incorporación de aspectos que serán clave en nues -tro argumento y que en términos contemporáneos serían: la contingencia del orden y el con˚icto per -manente por su constitución. En esta perspectiva, la teoría política desde la última parte siglo XX ha radicalizado las consecuencias lógicas de pensar el orden social a partir de una posición antifundamen -tista, contingente y eminentemente política. Esta consolidación del posicionamiento teórico recuperó y profundizó las sugerentes distinciones seminales de autores convertidos en clásicos del siglo pasado como Schmitt y Arendt. 9Orden y con˚icto: Carl Schmitt y Hanna Arendt En su célebre El concepto de lo político ,10 Schmitt in -trodujo categorías y movimientos conceptuales para pensar la política, lo político y el orden social cuyos rastros llegan hasta nuestros días. Las re˚exiones schmittianas del vínculo entre lo estatal y lo político ocupan un lugar privilegiado entre los aportes de la ˜losofía política del siglo XX . El axioma fiel concepto de Estado presupone el de lo políticofl puede tomar -se como un aporte de suma relevancia en la teoría política y la apertura hacia el análisis de las lógicas y conceptos propios de lo político como un campo autónomo. Para el autor la distinción básica de lo político es la de amigo-enemigo, la radicalidad de la categoría de enemigo en El concepto de lo político sitúa primordialmente a lo político en el plano inter -nacional. 11 No es el objetivo analizar aquí la obra del jurista alemán sino recuperar el movimiento concep -tual con el que logra introducir una dimensión que será fundamental para nuestros propósitos por sus implicancias teóricas: el con˚icto como condición de posibilidad o, para decirlo con Derrida, 12 esencia de lo político .13 Carl Schmitt describe la necesidad de cancelar el con˚icto interno por parte de un Estado que es absolutamente soberano. El lugar de la decisión estatal se coloca como fundante de un orden social que sublima al ámbito internacional al con˚icto. Hablando estrictamente, el único ámbito político se sitúa en el plano internacional donde la lógica amigo-enemigo es la que rige bajo la aparición po -tencial de la guerra. En el interior del Estado existe la policía, es decir, la administración de las cosas a partir de un ordenamiento jurídico y los mecanismos disciplinarios para anular el con˚icto. Este orde -namiento no tiene otra legitimidad que la que le otorga el Estado en cuanto soberano facultado para decidir sin condiciones qué es legal y qué no lo es; esta visión es la que frecuentemente se asocia con el ‚decisionismo™. 14 La única posibilidad de encontrar genuina política en el interior de las fronteras del Estado podría ubicarse en periodos de guerra civil, allí la lógica amigo-enemigo se inscribiría dentro del territorio, instituyendo fugazmente lo político 15 o, al menos, un resplandor puesto que en el interior del 9 Enrique Serrano Gómez, fiEn torno al ‚dispositivo simbólico™ de la democraciafl, en Metapolítica , vol. 1, núm. 4, 1997, pp. 523-541. 10 Carl Schmitt, El concepto de lo político , Madrid, Alianza, [1932] 1998. 11 En un prólogo preparado para la reedición de El concepto de lo político en 1969, Schmitt reconocería que tal vez la mayor de˜ciencia de su escrito original radicaba en la escasa atención que dispensó a las variantes de la categoría enemigo ( hostis ). 12 Jacques Derrida, Políticas de la amistad seguido de El oído de Heidegger, Madrid, Trotta, 1998; Mark Bahnisch, fiDerrida, Schmitt and the Essence of the Politicalfl, en Marian Simms (ed.), Proceedings of the 50th Anniversary APSA Annual Conference , Canberra, Australasian Political Studies Association 2002. 13 Es preciso dejar claro que no hay una separación explícita en Schimitt entre lo político y la política. Esto no impide tomarlo como precursor de esta distinción en germen en sus textos. Vid . Benjamín Arditi Karlik, fiOn the Political: Schmitt contra Schmittfl, en Telos , núm. 142, primavera de 2008, pp. 7-28. 14 Gabriel Negretto, fiEl concepto de decisionismo en Carl Schmitt: el poder negativo de la excepciónfl, en Revista Sociedad, núm. 4, 1994, pp. 66-89. Cfr. Enrique Serrano, fiDerecho y orden social: los presupuestos teóricos de la teoría jurídica de Carl Schmittfl, en Isegoría: Revista de Filosofía Moral y Polític a, núm. 36, 2007, pp. 125-141 (p. 129). 15 Enrique Gómez Serrano, fiDerecho y orden social: los presupuestos teóricos de la teoría jurídica de Carl Schmittfl, en Isegoría: Revista de ˜losofía moral y polític a, núm. 36, 2007, pp. 125-141 (p. 134).

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Perspectivas Teóricas 73Estado los contrincantes no se tratan mutuamente como iguales. 16 No obstante, este es un lapso transi -torio y una vez resuelta la guerra civil, 17 nuevamente el con˚icto se desplaza a una órbita externa al Estado nacional. Se han realizado varias objeciones y críticas de diversa índole a los planteamientos de Schmitt, 18 sin embargo, no nos detendremos en ellas, sino que preferimos recuperar tres aspectos fundamentales insinuados por el autor y de cuyas consecuencias teóricas nos valdremos más allá de su obra. El pri -mero es el lugar del con˚icto como constitutivo de lo político, el cual ha abierto importantes senderos a los pensadores posteriores; así, autores como Mouffe 19 centraron su atención en este aspecto de lo político y dedicado esfuerzos considerables a salir de la lógica amigo-enemigo sin perder la dimensión con˚ictiva de la política. El segundo es el aporte al descubrimiento de lo político como un momento simbólico fundacional, 20 originario, sin un contenido pre˜jado 21 productor de un acontecimiento social potencialmente abierto y contingente. Esto impli -ca reparar en el momento de la ‚producción™ de la distinción entre amigo y enemigo, vinculado a una decisión y, por ende, a una operación simbólica perfor -mativa de un campo. 22 El tercero es el reconocimiento Œjunto a gran parte de la tradición germanaŒ de la policía como esa lógica que busca la cancelación del con˚icto dentro de un orden social particular, operando de esta manera en la (re)producción del mismo. Estos elementos serán clave en la medida que avancemos e incorporemos autores y tópicos a la presente discusión. Hannah Arendt es otro de los autores que pode -mos convocar por sus invalorables aportes al tema que venimos desarrollando. El análisis de la pregun -ta principal que sirve de título a una de sus obras, ¿Qué es la política? ,23 provee nuevas coordenadas para pensar la política 24 y puede servir como la otra columna, junto a El concepto de lo político , para articular nuestras re˚exiones posteriores en torno a esta distinción y su relación con la conformación del orden social. Una primera aproximación al concepto de la po -lítica en Arendt lo vincula, sin duda, a aquello que emerge o aparece cuando los hombres se encuen -tran para tratar los asuntos comunes a partir de la palabra y la acción. El discurso permite presentarse ante los otros y establecer (y/o aceptar) un espacio compartido (un lugar común, público) en el que se respeta la pluralidad y puede surgir algo nuevo, manifestación de la libertad humana. Para avanzar en el entendimiento de la concepción arendtiana de la política es preciso establecer la distinción entre poder y violencia, algo que se vincula además con su idea de la acción. 25 El poder surge allí donde los hombres en condición de igualdad se encuentran y se liga a la política puesto que ésta tiene pretensión de desarrollarse en un marco de diálogo concertado, de persuasión y reconocimiento orientado al actuar 16 Farid Samir Benavides, fiExcepción, decisión y derecho en Carl Schmittfl, en Argumentos , nueva época, año 19, núm. 52, septiembre- diciembre de 2006, pp. 125-145 (p. 37). 17 Los resultados de la guerra civil son contingentes y quien resulta vencedor tendrá la oportunidad de decidir la fundación del Estado. Schmitt piensa que de no cerrarse prontamente el período de guerra civil se corre el riesgo de que otro Estado (a partir de la lógica amigo- enemigo) someta al territorio en cuestión y ofrezca una cancelación externa del con˚icto. 18 Algunas centradas en aspectos teóricos y otras a partir del posicionamiento de Schmitt en el nazismo. Cfr . F. S. Benavides, op. cit. 19 Chantal Mouffe, El retorno de lo político , Barcelona, Paidós, 1999; En torno a lo político , Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2007 y fiCarl Schmitt y la paradoja de la democracia liberalfl, en Tópicos, núm. 010, 2002, pp. 5-25. 20 Es preciso recordar que el fimomento de lo políticofl no se re˜ere a un orden cronológico sino conceptual. Lo político tiene una dimensión espectral que es coexistente al orden instituido. 21 Alejandra Jiménez Ramírez, fiSchmitt: el pensamiento ˜losó˜co de lo políticofl, en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales , año XLVI , núm. 192, septiembre-diciembre de 2004, pp. 15-42. 22 B. Arditi Karlik, op. cit., p.335. 23 Hanna Arendt, ¿Qué es la política? , Barcelona, Paidós/ UAB -ICE , 1997. 24 Es de destacar, sin embargo, que los trabajos de Arendt más sistemáticos sobre la cuestión política se encuentra en La condición humana (Buenos Aires, Paidós, 1996) y Sobre la revolución (Madrid, Alianza, 1988). 25 Una discusión pormenorizada de la relación entre violencia y política puede consultarte en el excelente ensayo de Claudia Hilb, fiVio -lencia y política en la obra de Hannah Arendtfl, en Postdata , núm. 6, 2000, pp. 75-105.

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Revista Mexicana de Ciencias Políticas 74mancomunado (que, sin embargo, al ser un espacio de acción no está exento de tensiones). La política, de este modo, recupera la dimensión de la pluralidad y la contingencia ya que en el espacio público las deci -siones no están determinadas ni tienen un contenido pre˜jado. 26 La isonomía Œla igualdad de los ciudada -nos en tanto participantes de la polis para tener voz y ser escuchadosŒ es la condición de posibilidad de la conformación de ese espacio público. La violencia, por el contrario, sería un medio instrumental para conseguir ciertos ˜nes especí˜cos y, por lo tanto, siempre requiere de una justi˜ca -ción externa. 27 En este sentido, no se ubicaría en el espacio público, no podría hablarse de ‚violencia política™ so pena de contradicción. No obstante la notable importancia, atención y admiración que Arendt dispensa a las revoluciones Œsobre todo a la estadounidenseŒ hace inevitable la pregunta: ¿las revoluciones pertenecen o no a la esfera pública?; en otras palabras, ¿son las revoluciones aconteci -mientos políticos? Esta interrogante es fundamental porque interpela la noción de la política en Arendt; sin embargo, también devela di˜cultades: por un lado, la violencia había quedado desterrada de la esfera pública y de la política, por el otro, es difícil a˜rmar que en los periodos revolucionarios exista la política entendida como reunión y diálogo en el espacio público de los hombres regidos por el prin -cipio de isonomía .28 También, naturalmente, resulta difícil aceptar la exclusión de las revoluciones de la órbita política. 29 Es evidente que las rebeliones y revoluciones introducen una violenta recon˜gu -ración y contribuyen a una nueva institución de lo que denomina el espacio público. Pero, por otro lado, Arendt re˜ere que el poder y la violencia tienen una relación inversa, la violencia no da lugar al poder y, por lo tanto, aniquila la política. 30 Este dilema atraviesa muchos de los pasajes arendtianos y no siempre se resuelve de la misma manera. Para algunos autores 31 en Arendt coexisten dos formas del poder, uno más amplio que surge de la reunión de los hombres en el espacio público y otro más acotado que se re˜ere al poder comunicativo. 32 De esta manera, en las revoluciones nos encontra -ríamos con la convergencia del poder de reunión y la violencia en un campo en el que el poder comu -nicativo se subordina. La revolución, entonces, se introduce en la política como algo parcialmente externo que la recon˜gura, constituyéndose en la forma en que los hombres acaban con la repetición y producen un nuevo origen, la posibilidad de un nuevo orden social. La revolución, así, es una expresión de la capacidad humana de re-instituir la polis , el espacio de la política mediante un tipo de acción. En esta línea argumental se pueden recuperar algunos conceptos de Arendt contra Arendt para ofrecer una salida consistente a la relación entre revolución y política. Las revoluciones, en esta perspectiva, adquirirían un excepcional estatus instituyente, no asimilable ni a una política en el sentido dialógico ni a un acto de mera violencia. Esta dimensión de institución de lo nuevo es una dimensión ontológica 26 Andreas Kalyvas, fiFrom the Act to the Decision. Hannah Arendt and the Question of Decisionismfl, en Political Theory , vol. 32, núm. 3, 2004, pp. 320-346. 27 De alguna manera poder y violencia recuperan las dos dimensiones del poder: poder de ( potentia ) y poder sobre ( potestas ). A. Negri, op. cit. ; Enrique Dussel, 20 tesis de política , México, Siglo Veintiuno Editores/ CREFAL , 2006. 28 La tensión se acentúa si adoptamos una visión habermasiana de Arendt, en que la política estaría más cerca de una comunicación no distorsionada. 29 Más aún cuando en Arendt, fiLa política tendrá su mejor desempeño en el momento de la emergencia privilegiada en las revolucionesfl (Claudia Galindo Lara, fiEl concepto de revolución en el pensamiento político de Hanna Arendtfl, en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, año XLVII , núm. 195, septiembre-diciembre de 2005, pp. 31-62 (p. 32). Este argumento, presente en Arendt en Sobre la revolución (op. cit., p.86), genera la tensión con la erradicación de la violencia del terreno de la política porque: a) se a˜rma que las revoluciones no son violentas (algo difícil de sustentar históricamente) o b) se concibe a las revoluciones con un componente de violencia (algo que las ubicaría fuera del ámbito político). 30 Antonio Campillo Meseguer, fiEspacios de aparición: el concepto de lo político en Hannah Arendtfl, en Daimon . Revista de Filosofía , núm. 26, 2002, pp. 159-186. 31 Anabella Di Pego, fiPoder, violencia y revolución en los escritos de Hannah Arendt. Algunas notas para repensar la políticafl, en Argu -mentos , año 19, núm. 52, septiembre-diciembre de 2006, pp. 101-122. 32 Que es el que recupera Jürgen Habermas en su obra Per˜les ˜losó˜cos políticos, Madrid, Taurus, 1975.

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Revista Mexicana de Ciencias Políticas 76y un momento de la política en el que los hombres resuelven asuntos comunes, administran y gestio -nan esa ordenación. Schmitt tiembla al pensar en la posibilidad de que ese orden social se abra a una recon˜guración porque sería reconocer lo político Œel con˚icto, la contingenciaŒ en el terreno intraestatal, mientras que Arendt es más optimista al pensar que sólo la persistente presencia de la política garantiza la preservación de la libertad humana, 37 aunque su convencimiento de que algo así pueda suceder en tiempos contemporáneos languidece. Schmitt y Arendt, desde perspectivas disímiles, recuperan/insinúan movimientos conceptuales para pensar la política que serán clave en la teoría con -temporánea. El primero es la contingencia del orden social y el segundo la necesidad de pensar el momen -to de institución de ese orden. Allí entran en juego conceptos como decisión, acción, poder, violencia y soberanía, todos vinculados, como veremos, a lo político y la política. Esto provoca la apertura para un tercer aspecto: la posibilidad de explayarse en la concepción de una lógica de lo político y una lógica de la política para pensar los problemas políticos. Esto supone un reconocimiento del componente simbólico de lo político y el carácter irreductible -mente con˚ictivo de este ámbito. Estos insumos nos ayudarán a pensar los mecanismos de disrupción del orden, la apertura del con˚icto y la posibilidad de refundación total o parcial del mismo. Finalmente, podemos recuperar una presencia implícita en ambos pensadores: el lugar de las identidades políticas. Efectivamente, tanto para la de˜nición de ese fiotrofl extranjero y enemigo en Schmitt, como ese ámbito de diálogo y acción sobre los asuntos comunes en Arendt, se requiere de la construcción de algún tipo de identidad colectiva, alguna forma del finosotrosfl. Esto, aunque poco desarrollado en los autores, abre la puerta a la re˚exión sobre los sujetos políticos. Los trabajos de Schmitt y Arendt nos sitúan en los umbrales de la distinción entre lo político y la política. Las preguntas surgen en torno a los alcances de esta diferencia y a la relación muchas veces de simultaneidad que ambos momentos mani˜estan. En esta perspectiva, autores contemporáneos han retomado y profundizado estas distinciones en la búsqueda de categorías que permitan pensar con mayor rigurosidad el problema de la constitución del orden social, histórico y político. Los trabajos de Castoriadis 38 resultan clave para desarrollar una andamiaje teórico heurístico que de alguna manera saque a la teoría política de su atolladero. 39 Para ello resulta conveniente precisar distinciones analítica que son presentadas por los autores o que pueden re -construirse si se atiende a la lógica de razonamiento que ellos presentan. A continuación nos centraremos en un debate orientado a contribuir a una de˜nición más precisa de las siguientes categorías: lo social, la sociedad (orden social), lo político, la política y la policía. ¿Una teoría política del orden social? No podía sospechar Anaximandro de Mileto que su intuición de identi˜car el arjé con lo apeirón (lo in- de˜nido, lo indeterminado) sería retomada varios cientos de años después por algunos de los principa -les teóricos políticos del siglo XX , como Claude Lefort y Cornelius Castoriadis, para pensar la conformación del orden social. En La institución imaginaria de la sociedad , Castoriadis 40 se ocupa con detenimiento de explorar los procesos de constitución del orden social, la sociedad o, como el autor pre˜ere, de lo fihistórico-socialfl. Este último concepto busca recu -perar las dimensiones diacrónica y sincrónica a las que re˜eren los dos elementos que lo componen: his -toria y sociedad. Castoriadis pretende dar cuenta de 37 La preservación de esa posibilidad de cambio es, para autores como Lefort y Castoriadis, propio de los órdenes sociales democráticos. 38 C. Castoriadis, op. cit. 39 E. Rinesi, op. cit. 40 C. Castoriadis, op. cit.

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Perspectivas Teóricas 77la tradición griega de pensar la indeterminación de lo social y lo inscribe en la preocupación moderna sobre la institución (imaginaria) de la sociedad. En este aspecto plantea la imposibilidad de una re -presentación plena de lo pre-social (que denomina extra-social o natural) en las instituciones sociales. Esto implica, primero, reconocer una instancia más allá de la sociedad y, segundo, que siempre existe un corrimiento, un exceso de esa instancia que sirve de apoyo Œlo naturalŒ y sobre la cual se produce la sociedad. 41 Precisamente la distancia necesaria del proceso instituyente es, lejos de una tragedia, la posibilidad misma de la creatividad humana y de la instancia de libertad (autonomía), algo que lo vincula al pensamiento arendtiano. Es una muestra, además, de la contingencia del orden fihistórico- socialfl que conjuga cierta estructuración precaria con un movimiento permanente y con un perpetuo exceso que pone en jaque a lo instituido. En este punto es conveniente detenernos para ordenar la discusión. Tenemos, por un lado, una dis -tinción entre lo pre-social y lo histórico-social y, por otro, una forma de creación y una idea de cambio de lo histórico-social. Para los ˜nes que nos propone -mos resulta imperioso recuperar esta posibilidad de pensar, a partir de la distancia entre lo ‚pre-social™ y lo social instituido, el carácter contingente de lo histórico-social, las operaciones de constitución y las opciones de transformación a partir, en Casto -riadis, de la interrogación autónoma mediante el pensamiento (˜losofía) o la política (democracia) 42 y la producción de imaginarios radicales. No obstante, es importante realizar un ajuste conceptual que se origina al cuestionar Œsin desconocerlaŒ las consi -deraciones sobre instancia finaturalfl o fipre-socialfl que esboza Castoriadis, ya que cualquier referencia a ésta tiene que ser realizada a partir de su inscripción en lo simbólico, como el propio autor reconoce. 43 Esto no implica abandonar la concepción de ese campo de exterioridad constitutiva, necesario para la perspectiva que estamos desarrollando. Por el contrario, lo que apuntamos es a inquirir, con Lefort 44 la posibilidad de acceder a eso natural o pre-social y, en cambio, considerar que el trasfondo sobre el que se instituye la sociedad no es otro que el terreno de las relaciones sociales sedimentadas. Para dar un paso en dirección del replanteo de esta aparente paradoja sobre lo que Castoriadis denomina fipre- socialfl podemos partir del propio autor: fiLo social es una dimensión inde˜nida [–]. Es lo que no puede presentarse mas que en y por la institución pero que siempre es in˜nitamente más que esa instituciónfl. 45 A esta dimensión inde˜nida ya no podemos llamarla pre-social o natural y Œa falta de una categoría mejor y de acuerdo con los ˜nes de nuestro argumentoŒ proponemos denominarla lo Social . Esto es, aceptamos la postulación de una ins -tancia, lo Social 46 (así, con mayúscula) que es in -de˜nida y opera como condición de posibilidad de la institución de ‚la sociedad™, el ‚orden social™ (o lo fihistórico-socialfl en Castoriadis) pero que a su vez la excede. Avanzar en la distinción entre lo Social y ‚la sociedad™ (orden social) es clave para pensar los procesos de institución del orden social, su reproduc -ción y su cambio. Lo Social , en este sentido, excede a la sociedad y es tanto condición de posibilidad como de imposibilidad de la misma. 47 Ahora bien, lo Social no corresponde a elementos pre-sociales ni 41 Ibid . 42 fiEl momento del nacimiento de la democracia y de la política no es el reino de la ley o del derecho, ni el de los ‚derechos del hombre™, ni siquiera el de la igualdad como tal de los ciudadanos, sino el de la aparición en el hacer efectivo de la colectividad en su puesta en tela de juicio de la ley. ¿Qué leyes debemos hacer? Es en este momento cuando nace la política y la libertad como social históricamente efectiva . Nacimiento indisociable del de la ˜losofíafl C. Castoriadis, Un mundo fragmentado , Buenos Aires, Altamira, 1990, p. 11. 43 C. Castoriadis, fiLa democracia como procedimiento y como régimenfl, en Jueces para la Democracia , núm. 26, febrero 1996, pp. 50-59. 44 C. Lefort, La incertidumbre democrática. Ensayos sobre lo político , Barcelona, Anthropos, 2004. 45 C. Castoriadis, La institución imaginaria –, op. cit., p.178. 46 Slavoj ˛i˝ek, utiliza también la idea de lo Social pero en un sentido diferente al de este trabajo. Vid . fi¿Lucha de clases o posmodernismo? ¡Sí, por favor!fl, en E. Laclau, S. ˛i˝ek y J. Butler, op. cit., p.121. 47 E. Laclau, Nuevas re˚exiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Buenos Aires, Nueva Visión, [1990] 2000.

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